La atmósfera es la envoltura gaseosa de la Tierra y donde, en suspensión, hay partículas sólidas y líquidas. A pesar de tener una composición muy variada en cuanto a los gases, el 99,9% del volumen está formado únicamente por nitrógeno (78%), el oxígeno (21%) y el argón (0,9%). Entre el restante 0,1% destacan el vapor de agua (con variaciones importantes a lo largo de la superficie terrestre) y los gases de efecto invernadero.

En cuanto a la estructura, la masa atmosférica no es uniforme, sino que está compartimentada y presenta discontinuidades. Teniendo en cuenta la composición se puede dividir entre homosfera (primeros 80 km) y heterosfera. En la primera la composición química del aire es constante, aunque hay que decir que el 95% de la masa atmosférica está concentrada en los primeros 10 km.

 

Si lo que se tiene en cuenta son las variaciones de la temperatura, la atmósfera se divide en cuatro capas (figura 3). La más externa es la termosfera, que se inicia a partir de los 80 km de altura y donde la temperatura aumenta con la misma. Por debajo y separadas por la mesopausa está la mesosfera (de los 48 a los 80 km), donde la temperatura disminuye con la altura y en el límite con la termosfera alcanza los valores más bajos (-80 y -90 º C). La capa anterior es la estratosfera (de 12 a 48 km). Esta capa es de importancia vital tanto para la especie humana como para los diferentes ecosistemas naturales del planeta, ya que en la estratosfera hay el ozono estratosférico, encargado de absorber gran parte de los rayos ultravioletas procedentes del Sol, razón por la que la temperatura aumenta con la altura hasta llegar al límite con la mesosfera a unos -10 º C. Un problema ambiental grave asociado a la capa de ozono de la estratosfera es la disminución de su espesor por la acción de diferentes gases contaminantes fruto de la actividad humana. La alerta se produjo en 1974 cuando la comunidad científica puso de manifiesto este hecho. Fue a partir de los años ochenta del siglo XX que se tomó conciencia de las repercusiones de la destrucción de la capa de ozono con las variaciones del llamado agujero de la capa de ozono en la Antártida. En 1987 se firmó el Protocolo de Montreal con el objetivo de limitar el consumo de gases como los CFC, para posteriormente prohibirlo definitivamente.

Finalmente, la capa más superficial es la troposfera, que en promedio llega a unos 12 km pero que puede variar desde los casi 18 km en el ecuador hasta los 8 km en los polos. En esta capa la temperatura desciende con la altura siguiendo un gradiente térmico vertical de 0,6 º C por cada 100 m. Es la capa más importante desde un punto de vista medioambiental porque está en contacto con el resto de sistemas naturales y entre ellos se establecen intercambios tanto de materia como de energía. En la troposfera se originan y se manifiestan la mayoría de los fenómenos meteorológicos, como las situaciones de inversión térmica a que se hacía referencia en un apartado anterior, y hasta ella llegan buena parte de las emisiones gaseosas y sólidas en suspensión procedentes de las diferentes actividades socioeconómicas. Asimismo, es la dinámica atmosférica la que posibilita la dispersión de estos elementos, en su mayoría contaminantes, más o menos lejos del punto de origen, y se encarga de la redistribución de calor y frío por el planeta.

Las sociedades humanas han ido incidiendo cada vez más tanto en la composición de la atmósfera como en su comportamiento, lo que ha tenido y tiene repercusiones en el resto de sistemas naturales.