Una característica de los ecosistemas es la sinergia: el todo es más que las partes. El frágil equilibrio que existe en el medio natural, debido al elevado grado de interrelación entre todos sus elementos, se acentúa por la presencia de la especie humana. A lo largo de los siglos el grado de incidencia ha variado mucho y ha ido en aumento a medida que se ha producido el desarrollo de las diferentes sociedades. Pero si bien es cierto que en la actualidad la capacidad de alterar nuestro entorno parece que no tenga límite, tampoco es menos cierto que, tal como afirman Boada y Saurí (2002), nunca como ahora hemos sido tan conscientes de la degradación ambiental que nuestras actividades pueden llegar a producir, al tiempo que disponemos de herramientas para evitar o minimizar la alteración del medio ambiente y también de herramientas para mitigar los impactos generados.