La deforestación, la contaminación atmosférica y la degradación de la calidad del agua como consecuencia de la actividad humana han roto el equilibrio ecológico del planeta. Pero hay que decir que durante la mayor parte del tiempo en que ha habitado el planeta la especie humana ha tenido una incidencia nula o insignificante sobre su entorno. Hace unos diez mil años se inició el periodo conocido como Neolítico, con la práctica de la agricultura y de la ganadería y la sedentarización de los grupos humanos. Hasta entonces (paleolítico) existían grupos formados por un número reducido de individuos que recorrían el territorio (nomadismo) y subsistían a base de cazar, pescar y recolectar. Es en este contexto que debemos hablar de armonía entre los grupos humanos y el medio ambiente.

Todos los organismos vivos, incluida la especie humana, se encontraban sin excepción bajo las leyes de la naturaleza. Durante miles de años el planeta se encontró en un equilibrio ecológico, aunque con un dinamismo importante que provocaba la desaparición de algunas especies y el desarrollo de otras. El éxito dependía de la capacidad de estas especies de adaptación al entorno y del aprovechamiento de los recursos naturales que este ofrecía y por los que las especies entraban en competencia entre ellas.

Es evidente a estas alturas que la especie humana tuvo éxito en su intento de mantenerse y desarrollarse dentro de los ecosistemas terrestres y, como se ha dicho anteriormente, con una incidencia mínima en su entorno. Las razones que explican esta baja incidencia, íntimamente relacionadas, son un escaso desarrollo técnico y un bajo contingente de población.

A pesar de tratarse de una economía depredadora, las técnicas desarrolladas hasta entonces en el arte de la caza y la pesca no supusieron ninguna alteración del equilibrio ecológico. Las herramientas eran muy rudimentarias, hechas principalmente de huesos y piedra, con lo que la cacería se convertía en una aventura peligrosa a la vez que imprescindible, con un riesgo elevado de perder elementos del grupo mientras duraba, y también con el peligro de no subsistir en caso de fracaso. Las imágenes de cacería en cuevas y abrigos (pinturas rupestres) son una representación de aquel estilo de vida.

Figura 2.5. Escena de cacería representada en el abrigo de Valltorta (izquierda) e idealización de una comunidad sedentaria del neolítico (derecha)

Fuente: Museu de la Valltorta y Educastur

Así, pues, el hecho de no poder generar excedentes de alimentos, la competencia con otras especies animales y el determinismo que ejercían los elementos del medio natural, especialmente el clima, limitaron el crecimiento de la población durante este periodo, lo que posibilitó la sostenibilidad de la actividad recolectora. Se calcula que durante el paleolítico medio (hace unos 300.000 años) la población mundial, toda concentrada en África y Eurasia, era de 1 millón de habitantes y llegó hasta los 5 millones a finales del paleolítico. El objetivo de la especie humana era, como el del resto de especies, asegurarse la supervivencia, lo que en aquellos tiempos no resultaba nada fácil.