El inicio de la ruptura entre la especie humana y el medio ambiente se produce a partir de la revolución industrial, con el origen en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XVIII. Fruto de una revolución agrícola previa en la que se incorporan nuevos cultivos, nuevas técnicas de cultivo (rotación de cultivos) y con una mayor disponibilidad de abonos, se conseguía producir grandes cantidades de excedentes que podían reducir los efectos devastadores que las condiciones climáticas adversas tenían en las cosechas y que conllevaban el hambre y la muerte.

Pero aunque los pioneros en este cambio agrícola fueron los Países Bajos e Inglaterra, la revolución industrial se inicia fundamentalmente al segundo de estos países.

¿Cuáles son las causas?

Además de las de carácter agrícola, que posibilitan el incremento de la población, en el caso inglés se añadirán factores políticos (monarquía liberal), sociales (clases sociales emprendedoras y con empuje para los negocios), económicos (liberalismo económico que queda plasmado por el economista Adam Smith en 1776 en la obra Ensayo sobre la naturaleza y la riqueza de las naciones) y geográficos (colonias y control del comercio marítimo). Y además de todo esto Inglaterra, junto con Escocia y Gales, disponía de las materias primas para iniciar el conocido take off (arranque o despegue): carbón mineral y agua. La industria textil primero y la siderúrgica a continuación fueron los máximos exponentes de esta revolución industrial, con maquinaria que funcionaba gracias a la energía hidráulica o la máquina de vapor.

Una buena parte del excedente de población del campo sirvió de mano de obra para llevar adelante esta industrialización. Esta población se concentró en los asentamientos cercanos a las minas o en la incipiente industria, lo que hizo posible la aparición de las primeras ciudades industriales con un significativo y continuado aumento del número de habitantes.

Ahora bien, en paralelo a las mejoras socioeconómicas asociadas a la revolución industrial, que poco a poco se fue extendiendo a otros países, también aumentó la incidencia de la actividad humana sobre el medio ambiente. Las nuevas técnicas permitieron una actuación cada vez más intensiva sobre los recursos y el resultado fue una degradación, como nunca se había producido antes, tanto de la calidad del agua de los ríos como de la atmósfera de las ciudades debido de las emisiones de contaminantes fruto de la combustión de carbón. Aun así, la sustitución progresiva del carbón vegetal por el carbón mineral supuso una menor presión sobre los bosques.

Figura 2.8. Chimeneas en la ciudad de Barcelona: imagen de la revolución industrial

 

Fuente: Arxiu Municipal del Districte de Sant Martí (Barcelona)

Figura 2.9. El ferrocarril: imagen de la revolución industrial

 

Fuente: Fons Fotogràfic del Vendrell, Arxiu Comarcal del Baix Penedès

 

También es a partir de la revolución industrial cuando la salud humana se empieza a ver afectada a gran escala debido a las actividades económicas desarrolladas. Las ciudades se convierten en un foco de contaminación y el aire se hace irrespirable. Esta situación, junto con la falta de higiene, harán que la población de clase obrera amontonada en espacios reducidos e insalubres y que deposita los residuos generados en la calle o en el río que suministra el agua de boca, pague las consecuencias con una elevada mortalidad a causa de las malas condiciones de vida generadas por la industrialización.