La industrialización significó el desarrollo de los países donde tuvo lugar, aunque generó bolsas de pobreza importantes desde el punto de vista social. Por otra parte, este desarrollo no fue "exportado" mundialmente. Muchos territorios, especialmente en África, eran únicamente considerados como fuente de materias primas (colonias) y sus recursos fueron expoliados con un mínimo retorno de la riqueza generada.

Desde el punto de vista del medio natural la industrialización tuvo un impacto negativo. Es innegable la incidencia que los diferentes procesos industriales tienen sobre la atmósfera, las aguas, los suelos y la vegetación, y más importante aún, sobre la salud humana. Pero todo esto o no se tuvo en cuenta o fue visto como un peaje necesario que había que pagar para poder continuar con el desarrollo económico. Ahora bien, de este desarrollo sólo se beneficiaba una parte de la población. Es bien cierto que la clase obrera había incrementado el nivel de renta, pero no lo es menos que tanto las condiciones de trabajo como la calidad del entorno en los barrios obreros eran poco saludables.

En paralelo al desarrollo industrial también se produjo un desarrollo agrícola, con la utilización de grandes cantidades de abonos, productos fitosanitarios y pesticidas. Gracias a ello se consiguió aumentar los rendimientos (agricultura intensiva) para poder alimentar a una población en crecimiento constante. Pero la agricultura pasó también a ser una actividad con una gran capacidad de alteración del medio natural.

La concienciación a partir de la segunda mitad del siglo XX de los países más desarrollados -y que a la vez tienen los problemas ambientales más graves-respecto a que algunos impactos son difícilmente reversibles y que el desarrollo de un territorio no es completo si sólo se tiene en cuenta el concepto económico, propició por un lado mejoras importantes en los diferentes procesos de producción a fin de reducir los residuos generados (gaseosos, líquidos o sólidos) y también de mejorar los rendimientos a partir de disminuir la cantidad de materia prima necesaria para producir un determinado bien de consumo. Pero por otro lado también significó trasladar industrias o procesos industriales altamente contaminantes a terceros países con una legislación en temas ambientales inexistente o como mínimo menos restrictiva, y también con una menor conciencia ambiental (sin olvidar el hecho de un suelo y una mano de obra más baratos y una menor conflictividad laboral).

Algo similar sucedió con la agricultura: pesticidas con una efectividad probada, como el DDT, fueron prohibidos por los "daños colaterales" sobre los suelos, las aguas, la fauna e incluso la salud humana.

Es por todo ello que el principio 14 de la Declaración de Río para el Medio Ambiente y el Desarrollo dice:

“Los Estados deberían cooperar efectivamente para desalentar o evitar la reubicación y la transferencia a otros Estados de cualquier actividad y sustancia que causen degradación ambiental grave o se consideren nocivas para la salud humana.”

Han sido problemas ambientales graves de afectación global o regional, como la lluvia ácida, la deforestación de los bosques ecuatoriales, el avance de la desertización, el agujero de la capa de ozono, la contaminación atmosférica en las ciudades, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua o el cambio climático, los que nos han hecho ver que tanto los niveles como la manera en que se utilizan los recursos en las sociedades más desarrolladas, junto con la ocupación desordenada del territorio, son insostenibles. Existe esa conciencia y se han producido mejoras significativas gracias a la ejecución de la legislación generada y a la participación ciudadana.

Una manera de medir el impacto que las sociedades humanas tienen sobre el planeta es mediante la llamada huella ecológica. Este término fue definido en 1996 por Mathis Wackernagel y William Rees como "el área productiva que se requiere para satisfacer nuestro estilo de vida actual de forma indefinida". Es decir, indica el área en hectáreas de territorio productivo o ecosistema acuático necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico, en cualquier lugar que se encuentre el área en cuestión.

El método de cálculo de la huella propuesto por Wackernagel y Rees parte de la asunción de que cada unidad de materia o de energía consumida requiere una cierta cantidad de territorio para proveer recursos para el consumo o para tratar los residuos que se generan. El resultado global es de 2,36 ha/habitante, pero con muchas diferencias entre países, tal como se puede ver en el cuadro 2.1.

Mayor et al. (2005), utilizando el método de Wackernagel y Rees, calcularon para el conjunto de Cataluña una huella ecológica de 3,92 ha/habitante. Este valor sale de la suma de hectáreas por habitante necesarias en cada una de las siguientes categorías:

a) Espacio para asentamientos urbanos y comunicaciones.

b) Espacio para producción de alimentos.

c) Espacio para producción forestal.

d) Espacio asociado al consumo de energía.

e) Espacio asociado a la importación de bienes.

Cuadro 2.1. Huella Ecológica en algunos países del mundo

Fuente: Elaboración propia a partir de Mayor et al. (2005)


Existen diferentes retos clave a los que la humanidad deberá hacer frente de forma seria en un futuro muy inmediato, como la disponibilidad de alimentos y de agua o la sustitución del petróleo y de los combustibles fósiles como principal fuente de energía. De cómo se aborden estos retos depende el futuro de la humanidad en su conjunto y el tipo de relación con el medio ambiente.

¿Es posible esperar que la tecnología facilite la solución a todos los problemas?

De momento nos quedamos con un fragmento del libro de Jared Diamond que lleva por título Colapso, concretamente del capítulo dedicado a la isla de Pascua ("Crepúsculo en la isla de Pascua"). El autor describe las posibles causas del colapso de la sociedad que habitaba en esta isla del Pacífico sur y reflexiona sobre las similitudes con la sociedad actual:

“El aislamiento de Pascua hacen de esta isla el ejemplo más claro de una sociedad que se destruyó a sí misma en sobreexplotar los propios recursos [...]. Detrás del colapso de Pascua sólo hay dos factores principales: el impacto ambiental del ser humano, especialmente la deforestación y la eliminación de las poblaciones de aves, y los factores políticos, sociales y religiosos que hay detrás de estos impactos, como la imposibilidad de que la emigración ejerciera de válvula de escape para el aislamiento de Pascua [...]. Los paralelismos entre la isla de Pascua y el mundo moderno en su conjunto son escalofriantemente obvios. Gracias a la globalización, el comercio internacional, el vuelo en avión y Internet, hoy en día todos los países de la Tierra comparten recursos y se afectan mutuamente, exactamente igual que lo hicieron la docena de clanes de Pascua. La isla polinesia de Pascua estaba tan aislada en el océano Pacífico como la Tierra lo está hoy en día en el espacio. Cuando los habitantes de la isla de Pascua se vieron en dificultades no tenían ningún lugar donde pudieran huir ni al que pudieran recurrir en busca de ayuda, tampoco nosotros, los modernos terrícolas, podemos recurrir a ningún otro sitio si se agudizan nuestros problemas.”