Como se ha explicado en el apartado introductorio la cantidad de agua en la Tierra es constante y únicamente varían el estado y la distribución a través del llamado ciclo hidrológico.

La acción del sol provoca cada día la evaporación de 1370 km3 de agua, la gran mayoría de los cuales (≈85%) provienen de los océanos. Por su parte, cada día también precipita una cantidad similar de agua desde la atmósfera, pero el porcentaje que cae en los océanos sólo representa alrededor de un 75% del total. Este déficit oceánico entre evaporación y precipitación se compensa mediante la salida al mar de una parte del agua caída sobre la tierra, que circula, con una cantidad similar a la del agua transportada a tierra por acción del viento (110 km3).

El ciclo del agua

Fuente: Elaboración propia a partir de USGS.

 

A pesar de la gran cantidad de agua que diariamente se mueve y cambia de estado, realmente es poco importante si la comparamos con los 1.300 millones de km3 de agua de los océanos, los 27,8 millones de km3 en forma de hielo, los 8 millones de km3 de aguas subterráneas, los 225.000 km3 de los ríos y lagos o los 13.000 km3 que hay en la atmósfera.

La redistribución de agua por el planeta en el marco del ciclo hidrológico no es homogénea y se producen variaciones importantes tanto en el espacio como en el tiempo en cuanto a la precipitación, la evaporación y la circulación de agua por los continentes. En todas las variables las diferencias se deben a factores astronómicos, geográficos y la distribución desigual de las tierras emergidas entre los dos hemisferios. A todo esto hay que añadir factores más locales como los de tipo orográfico y las características de los suelos. El total de precipitación anual es más importante en el hemisferio norte, mientras que la evaporación es mayor en el hemisferio sur por la menor presencia de tierras emergidas. Las precipitaciones más abundantes tienen lugar en la franja ecuatorial, donde también se da el balance positivo mayor entre precipitación y evaporación. Al contrario sucede en las bandas situadas por encima y por debajo del ecuador, donde se registran los mínimos de precipitación. Es en la superficie marina de estos sectores donde se producen los valores negativos más altos entre precipitación y evaporación.

Por continentes, Asia es el que registra la mayor precipitación anual, de la que se evapora un 45%, el mismo porcentaje se evapora en América del Norte y es muy parecido al de América del Sur (47%), pero en estos dos últimos casos la precipitación es inferior. En el otro extremo está África, donde se evapora el 80% de la precipitación, mientras que en Europa y en Oceanía este valor llega al 65%.

Son estas diferencias las que justifican una disponibilidad de agua desigual en el planeta, con zonas con importantes existencias de agua y zonas con muy pocas. Pero que una determinada cantidad sea suficiente para satisfacer las necesidades de un grupo humano dependerá del consumo que se haga y de cómo las actividades socioeconómicas la utilizan. Vuelven a entrar en juego los conceptos de disponibilidad, uso y calidad del agua.