No hay ninguna duda de que los mares y océanos tienen una importancia capital para el desarrollo humano. Los ecosistemas marinos son una fuente ingente de una importante gama de recursos, el principal de los cuales es actualmente buena parte de su fauna, que sirve de alimento a las poblaciones. La sal marina es otro de esos recursos explotados desde la antigüedad. Desde hace unas décadas también se están utilizando las zonas más próximas al litoral como recurso turístico. Los océanos contienen petróleo, gas natural y cantidades notables de minerales que podrán ser explotados cuando la tecnología lo permita. Pero el principal potencial del agua del mar es el que se deriva de transformarla en agua dulce.

Los océanos también tienen un papel importantísimo en el equilibrio natural del planeta, ya que son enormes depósitos de calor. Presentan una influencia de primer orden sobre el clima planetario para la transferencia de calor y energía en las capas bajas de la atmósfera, con una serie de movimientos verticales y horizontales (corrientes) que provocan una redistribución de calor y frío por todo el planeta y que moderan los contrastes estacionales y latitudinales de la temperatura del aire. Finalmente, no hay que olvidar que la gran mayoría de agua dulce procedente de la lluvia ha sido evaporada de los mares.

Por todas estas razones es necesario conocer las principales características físicas y químicas de estas aguas, así como comprender la dinámica de 1.300 millones de km3 de agua.