La gran mayoría de las aguas superficiales se encuentran en estado sólido (hielo), mientras que el resto circula por los diferentes cursos fluviales del planeta, se encuentra en lagos o como vapor de agua en el suelo.

a) Glaciares

El 90% del agua helada se encuentra en la Antártida, un 9% más en Groenlandia y el 1% restante está distribuida en diferentes glaciares, muy variables en cuanto a su extensión. También está helado buena parte del océano Ártico, resulta preocupante la significativa reducción de su superficie en los últimos años.

Todas estas masas de hielo (27,8 millones de km3) son un reservorio ingente de agua. El hecho de que se reduzcan es un problema muy grave de tipo ambiental y de alcance mundial. La entrada al mar de importantes volúmenes de agua dulce (no salina) y con una temperatura más baja puede provocar alteraciones importantes en las corrientes marinas. Además, en el caso de que este hielo sea continental repercute en el nivel del mar, que ya aumenta por la expansión térmica de los océanos. Además, muchos de los glaciares tienen un papel esencial en cuanto a la recarga de ríos y acuíferos durante el periodo de deshielo. Actualmente en muchos de estos glaciares se está produciendo un retroceso que se ha atribuido al reciente cambio climático de origen antrópico, y que puede tener repercusiones importantes para las poblaciones que dependen de esta agua. Finalmente, hay que mencionar que la pérdida de superficie helada repercute negativamente en el balance de radiación terrestre porque altera el albedo o índice de reflexión de la radiación solar.

b) Lagos y ríos

La humanidad ha aprovechado desde siempre los recursos naturales existentes tanto en lagos como en ríos (225.000 km3 de agua). En primer lugar se ha utilizado como agua para beber, pero también como baño y para uso doméstico (cocinar). Posteriormente han hecho uso de la misma diferentes actividades socioeconómicas, entre ellas el aprovechamiento como fuente de energía, con una incidencia cada vez mayor en cuanto a la disponibilidad y a la calidad. Pero como el agua del mar, los ríos y lagos también se han aprovechado para extraer alimentos, principalmente peces, y en algunos casos se han utilizado como vía de comunicación y de transporte de personas y mercancías.

Buena parte del agua de lluvia se cuela superficialmente por las laderas y fluye por arroyos y ríos, que conforman una cuenca hidrográfica. Este agua, junto con materiales disueltos o en suspensión, es drenada hacia un punto común de desagüe que en la mayoría de los casos es el mar.

La mayoría de los ríos presentan fluctuaciones de tipo estacional que definen su régimen, esto es debido tanto a factores climáticos (lluvia y evaporación), como geológicos y geomorfológicos (materiales, formas de relieve y extensión de la cuenca), bióticos (mayor o menor presencia de vegetación) y antrópicos. Los humanos incidimos en los ríos a partir de la extracción de grandes cantidades de agua de su cauce, y también alteramos la calidad, el caudal y el transporte de sedimentos hacia la desembocadura (debido a la toma de los embalses). A todo esto hay que añadir que muchos ríos atraviesan distintos países, cada uno con sus propias prioridades e intereses.

Los lagos son depresiones naturales donde se ha almacenado una cantidad de agua más o menos estable no comunicada con el mar y con orígenes diferentes (tectónico, volcánico, glaciar, etc.). Los factores naturales también condicionan la cantidad de agua almacenada y la superficie del lago. Un ejemplo es la drástica reducción del lago Chad en África. Igualmente, los mismos problemas de sobreconsumo y degradación del agua que sufren los ríos por la acción de los humanos pueden encontrarse en los lagos.

Evolución de la superficie del lago Chad entre 1963 y 2007


Fuente: UNEP, 2008