A pesar de representar un porcentaje pequeño respecto al total de agua planetaria, los 13.000 km3 que hay en la atmósfera tienen un papel fundamental para el desarrollo de la vida en la Tierra. La importancia del vapor de agua viene dada en primer lugar por ser la condición necesaria para que se produzca la precipitación sobre los continentes y los océanos, pero no menos importante es su función en los intercambios de calor y energía entre los diferentes elementos del sistema climático. El vapor de agua es un gas atmosférico de efecto invernadero.

La humedad del aire, es decir, el peso del vapor de agua que hay en un volumen de aire, puede variar desde unos 25 centigramos/m3 en las masas de aire ecuatoriales hasta unos pocos centigramos en las masas de aire polar continental. Por su parte, la condensación de este vapor de agua genera gotas de agua (líquida) que forman las nubes y las nieblas. Los primeros se encuentran a diferentes alturas y presentan formas y características variadas, mientras que las segundas se encuentran más cerca del suelo.

Finalmente, en determinadas condiciones, este agua termina precipitando desde las nubes hacia la superficie terrestre, ya sea en estado líquido o en estado sólido y con diferentes intensidades, lo que repercutirá en la capacidad del suelo de infiltrar la misma.