El agua del planeta es un recurso y los diferentes almacenes de agua existentes en la Tierra tienen una importancia capital, pero cuando se analizan los usos del agua, diferenciando por tipología de usos, la evolución del consumo a lo largo de los años o las diferencias territoriales en este consumo, se está haciendo referencia a las aguas superficiales (ríos y lagos) y a las subterráneas accesibles, que, a pesar de representar un porcentaje muy pequeño sobre el total global, son de vital importancia para todas las actividades humanas y para los ecosistemas naturales terrestres. A pesar del potencial del mar como fuente de agua dulce, en 2002 el total de agua desalada en el mundo sólo representaba un 1% del consumo mundial.

Tanto las aguas marinas, como las continentales, se pueden ver afectadas de forma negativa por las actividades humanas, sobre todo por el resultado de vertidos de sustancias contaminantes.

En primer lugar, pues, hay que ver cuál es la disponibilidad real de agua con la que se pueden asumir las demandas generadas. En el apartado 4.1. "Distribución de los recursos hídricos y de la población por continentes" se muestran los importantes contrastes entre la distribución de población y la disponibilidad de recursos hídricos por continentes.

En todo el continente americano sólo hay el 14% de la población mundial, mientras que disponen del 41% de los recursos hídricos. Asia dispone de un 36% de los recursos hídricos, pero en este continente se encuentra el 60% de la población mundial. Un 13% de la población se encuentra tanto en Europa como en África, que también tienen cifras similares en cuanto a los recursos hídricos (8% y 11%, respectivamente), con la diferencia de que el continente africano es mucho mayor que el europeo. En Oceanía se concentra un 5% de los recursos hídricos mundiales y su población no llega al 1% del total global.

Si el análisis se hace estatalmente, los países que presentan una mayor escasez de recursos por habitante se circunscriben al norte de África (el Magreb y Sahel) y en Oriente Próximo, mientras que en el continente americano todos los países presentan una disponibilidad importante. Sin embargo, esta disponibilidad no es garantía de que las necesidades estén cubiertas. Entra en juego el consumo y la calidad del agua.