En cualquier país desarrollado el consumo doméstico de agua está muy por encima de las necesidades reales. Se trata pues de un consumo insostenible. Con una menor cantidad igualmente estarían cubiertas las necesidades básicas actuales y no se comprometerían las de las generaciones futuras. En cambio, en muchos países en vías de desarrollo el problema no es el consumo excesivo per cápita, sino el aumento de este consumo debido al crecimiento de la población, y también que el proceso de desarrollo incrementa el consumo individual. A todo ello hay que sumar la mayor demanda por la actividad industrial, además del mantenimiento de una agricultura con un elevado consumo de agua, actividades que inciden en la calidad de la misma. Además, aún hoy en día se producen importantes pérdidas de agua en el sistema de abastecimiento de los núcleos de población.