Se considera que el estrés por falta de agua es bajo si se extrae menos del 10% del agua disponible, moderado si es entre el 10-20%, medio-alto entre el 20-40% y alto si se extrae más del 40%. Las proyecciones para este indicador de cara al año 2025 muestran que aumentará el número de países con estrés hídrico (países del norte y sur del continente africano, próximo y medio Oriente); otros países pasan de un estrés moderado a medio-alto , entre los que destacan los Estados Unidos y China. España se situaría en el conjunto de países con un estrés medio-alto. En muchas zonas del planeta está produciendo una sobrexplotación de los recursos existentes, tanto superficiales como subterráneos. Es necesario tener en cuenta que esta clasificación por países esconde diferencias territoriales importantes, especialmente en los países con una superficie grande como pueden ser los Estados Unidos, China, Rusia, Australia, o incluso España.

Con el fin de gestionar mejor las aguas de los ríos es clave la construcción de embalses tanto para abastecer de agua a la industria, como para generar electricidad, para la agricultura y para el abastecimiento urbano. Ahora bien, la construcción de estos embalses supone un impacto ambiental importante. Hay una modificación total del entorno, se eliminan los ecosistemas naturales y desaparecen las actividades económicas (agricultura) y algunos asentamientos rurales debido a la inundación de la zona. Al mismo tiempo, se produce una menor circulación de sedimentos que quedan atrapados en las presas y que no llegan al tramo final de los ríos. También hay que tener muy en cuenta que las diferentes extracciones garanticen un mínimo caudal ecológico. Finalmente, se debe comentar que una parte significativa del agua almacenada se evapora.

Por su parte, la utilización de las aguas subterráneas ha sido clave en el desarrollo de muchas regiones en las que hay muy poca disponibilidad de agua superficial. El porcentaje de recursos provenientes de las aguas subterráneas varía mucho según los países. Así, mientras en los Países Bajos, Bélgica o Finlandia no llegan al 10% del total, en Malta y Eslovenia superan el 60% y en Dinamarca y Chipre más del 95%.

Pero la recarga de los acuíferos subterráneos es muy lenta, lo que significa que un aprovechamiento excesivo puede conllevar un agotamiento rápido y que, al mismo tiempo, se vean afectadas las zonas húmedas superficiales que abastecían del agua de los acuíferos. Por otra parte, en las zonas costeras la sobrexplotación de un acuífero se traduce en una entrada de agua salada hacia el interior.

En Cataluña, el 60% de la demanda tiene su origen en las aguas superficiales y un 40% en las subterráneas. Por sectores de actividad mientras que un 72% de la de uso doméstico es provista por aguas de origen superficial, la consumida en el sector industrial es obtenida mayoritariamente de acuíferos (85%). Por su parte, en la agricultura el 88% del agua utilizada es de origen superficial, pero con diferencias importantes entre cuencas, ya que mientras que en la del Ebro el agua de origen superficial representa el 96%, en las cuencas internas de Cataluña el origen está repartido a partes iguales entre superficiales y subterráneas.

Origen del agua utilizada en Cataluña por sectores de actividad{fusionchart id="58" aigua_origen}

Fuente: Elaboración propia a partir de la Agencia Catalana del Agua

Con el fin de solucionar el problema de escasez de agua en algunas zonas, países como España apostaron en un primer momento por el trasvase de agua de cuencas excedentarias a cuencas deficitarias. El trasvase desde la cuenca del Ebro a las cuencas internas de Cataluña (minitrasvase a Tarragona) es un ejemplo, y también el trasvase Tajo-Segura. De momento están paradas obras de mayor envergadura como la idea de trasvasar a Cataluña agua del Ródano o bien del Ebro a las cuencas del levante español en el marco del Plan Hidrológico Nacional. Este último ha tenido una importante contestación tanto social como política a la hora de cuantificar los excedentes reales de agua así como de valorar los impactos ambientales que se generarían, y se ha de añadir el cuestionamiento de los usos de este agua en el lugar de destino.

Otra opción es la desalinización del agua del mar, que, como se ha dicho con anterioridad, actualmente sólo representa un 1% del consumo mundial total y que además está muy concentrada en los países del próximo Oriente (70%), Estados Unidos (6,5%) y países del norte de África (6%). El problema de la desalinización son los costes económicos de producción, que hoy en día todavía son muy elevados, y también los impactos ambientales generados durante este proceso. En Cataluña la primera planta desaladora fue la de Tordera, con una capacidad actual de 10 hm3/año de agua, pero dimensionada para llegar a los 20 hm3/año. En 2009 entró en funcionamiento la del Baix Llobregat, que aportará 60 hm3/año. Asimismo, también hay prevista otra en Cunit (Baix Penedès).

La solución o buena parte de la solución en los países desarrollados debería pasar por un consumo racional de los recursos basado en el ahorro, además de las mejoras tecnológicas que posibiliten un menor consumo de agua durante los diferentes procesos de producción industrial y un mayor aprovechamiento del agua de riego a partir de sistemas más eficientes. Esta tecnología se debería poner al alcance de los países en vías de desarrollo, que es donde el consumo de agua está creciendo de manera más importante.

Cada zona tiene unos recursos superficiales y subterráneos determinados; también se tiene conocimiento de la cantidad de precipitación recibida a lo largo del año y de cómo se distribuye, por lo que debe tenerse muy en cuenta cuál es la disponibilidad de recursos hídricos antes de instalar determinadas actividades en un territorio, ya sean agrícolas o industriales, y también en el momento de planificar la ocupación de tipo residencial del territorio y actividades asociadas como pueden ser los campos de golf. Es una planificación del todo necesaria, y más cuando según el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) en algunas regiones del mundo durante el siglo XXI se producirá un descenso de la precipitación, entre ellas el área mediterránea.

Es del todo necesario llevar a cabo una integración ambiental de las actividades económicas a partir de una ordenación y planificación territorial adecuadas.