La demanda cada vez mayor de agua y el riesgo potencial de contaminarla, tal como se ha puesto de manifiesto en los apartados anteriores, hace necesaria una gestión integrada de los recursos hídricos tanto a nivel estatal como de cuenca hidrográfica.

 

Un punto de partida para lograr este objetivo es la Carta Europea del Agua del año 1968, con 12 principios:No hay vida sin agua. El agua es un tesoro indispensable para toda actividad humana.

  1. No hay vida sin agua. El agua es un tesoro indispensable para toda actividad humana.
  2. El agua no es inagotable. Es necesario conservarla, controlarla y, si es posible, aumentar su cantidad.
  3. Contaminar el agua es atentar contra la vida humana y la de todos los seres vivos que dependen del agua.
  4. La calidad del agua debe mantenerse en condiciones suficientes para cualquier uso; sobre todo, debe satisfacer las exigencias de la salud pública.
  5. Cuando el agua residual vuelve al cauce, debe estar de tal forma que no impida usos posteriores.
  6. Mantener la cubierta vegetal, sobre todo los bosques, es necesario para conservar los recursos del agua.
  7. Los recursos del agua deben ser inventariados.
  8. La correcta utilización de los recursos de agua debe ser planificada por las autoridades competentes.
  9. La conservación del agua debe potenciarse intensificando la investigación científica, formando especialistas y mediante una información pública adecuada.
  10. El agua es un bien común, cuyo valor debe ser conocido por todos. Cada persona tiene el deber de ahorrarla y usarla con cuidado.
  11. La administración del agua debe fundamentarse en las cuencas naturales más que en las fronteras políticas y administrativas.
  12. El agua no tiene fronteras. Es un bien común que requiere la cooperación internacional.

La gestión del agua debe basarse, a nuestro entender, por un lado en el fomento del ahorro y, por el otro, en su depuración y regeneración, es decir, se trata de implementar en la sociedad , especialmente la de los países desarrollados, una nueva cultura del agua. Así pues, por un lado tiene que haber un consumo responsable y, por otro, el agua se debe poder reutilizar, eso sí, con una depuración previa. A la vez también es necesario mejorar las redes de conducción del agua y recuperar los acuíferos subterráneos contaminados.

Es el ciudadano el que como consumidor individual de agua o como responsable de una actividad que la consume debe hacer un uso racional de este recurso, tanto el consumo como la posible alteración de su calidad. Ahora bien, es a las diferentes administraciones a quienes corresponde en gestionarla último término y, para llevar adelante esta tarea, es necesario evaluar los recursos disponibles y su estado. Sólo así se podrán desarrollar las políticas necesarias para abastecer de agua el mayor número posible de ciudadanos y, al mismo tiempo, aplicar las medidas necesarias de protección de los recursos hídricos y los ecosistemas acuáticos que garanticen la calidad del agua.

Desde el año 1972, que se celebró en Estocolmo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, la necesidad de una política mundial del agua se ha hecho patente a través de los diferentes foros de debate internacional donde se ha abordado la gestión y protección de los recursos hídricos. Entre estos cabe destacar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua (Mar de Plata, 1977), la Conferencia Internacional sobre Agua y Medio Ambiente/Declaración de Dublín sobre el Agua y el Desarrollo Sostenible (Dublín, 1992) o los Foros Mundiales del Agua (Marrakech, 1997; la Haya, 2000; Kioto, 2003; México, 2006).

El Programa 21, fruto de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra), celebrada en 1992 en Río de Janeiro, también dedica un capítulo (el 18) a la protección de la calidad y el suministro de los recursos de agua dulce a partir de criterios integrados para el aprovechamiento, ordenación y usos de estos recursos.

Ahora bien, a pesar de los avances conseguidos, la situación actual en cuanto a la gestión del agua no se puede considerar de ninguna manera satisfactoria. Varios autores (Petrella, 2002; Barlow y Clarke, 2004) consideran que los intereses corporativos obstaculizan sacar adelante los acuerdos establecidos internacionalmente, al tiempo que controlan cada vez más la industria del agua. Son lo que se llama señores del agua (Barlow y Clarke, 2004), que junto con el Banco Mundial fueron los máximos impulsores del II Foro del Agua (La Haya, 2000), donde se debatió sobre si el agua debía ser considerada como una necesidad o como un derecho humano. La declaración final surgida de la conferencia ministerial de los países asistentes habla del agua como necesidad básica, lo que lleva implícita la posibilidad de comercializar con ella. Es decir, es el sector privado a través del mercado, quien tiene el derecho y la responsabilidad de suministrar este recurso, obviamente a cambio de un beneficio económico. En cambio, si el agua se considera como un derecho, entonces son los gobiernos los que deben responsabilizarse del acceso al agua de toda la población, independientemente de si hay un beneficio económico.

Barlow y Clarke (2004) también indican el posible nacimiento de un cártel internacional del agua, al estilo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con respecto al oro negro. Es decir, un comercio internacional de agua donde habría un transporte a gran escala de agua (ya sea por canalizaciones o barcos) con origen en países con grandes reservas de agua y en dirección a otros con falta de agua.

El control del agua debe estar en manos de sus verdaderos propietarios, los habitantes de la Tierra. Pero tal como dice Petrella (2002) en su Manifiesto del Agua: "no es suficiente proclamar que el agua pertenece a la humanidad. Deben invertir las tendencias a una mercantilización de toda actividad humana y la privatización de todos los bienes y servicios". Pero, según el mismo Petrella, para lograr esto debe existir una legislación a escala mundial en materia de agua: el Convenio Mundial del Agua, cuyo principio fundador sea que el agua es un patrimonio mundial, común y vital, y en el que los objetivos principales han de ser:

a) El acceso básico al agua para todos los seres humanos y todas las comunidades humanas, lo que debe ser tanto un derecho político, como económico y social de carácter individual y colectivo.

b) La gestión sostenible e integrada del agua de acuerdo con los principios de solidaridad (individual y colectiva) hacia otras comunidades humanas, las generaciones futuras y el ecosistema Tierra.

¿Podemos hablar ya de una crisis global del agua?

De lo que no cabe duda es que no se deben minimizar las repercusiones debidas a una gestión inadecuada de este recurso o la no existencia de esta gestión. La sobrexplotación y la contaminación del agua son realidades de hoy en día muy preocupantes y que afectan gran parte de la población humana, al tiempo que tienen repercusiones en los ecosistemas naturales.

Los conflictos generados por el control de un recurso tan importante como es el petróleo pueden ser nada en comparación con los que se pueden producir por el control y disponibilidad de un recurso aún más importante como es el agua.