Como se ha comentado en el apartado correspondiente a la presentación de este módulo, la tarea de definir qué es un residuo trae implícito un cierto grado de subjetividad. Así, una primera definición de residuo es aquel material (sólido, líquido o gaseoso) generado por cualquier actividad humana que está destinado al abandono, puesto que a su poseedor no le representa más que un estorbo.

Ahora bien, se puede dar la circunstancia que un producto considerado por un grupo de población determinado como un residuo porque representa un estorbo tenga para otro grupo o colectividad una utilidad. De este modo, una misma sustancia, por circunstancias económicas o sociales, puede ser considerada como un residuo o bien puede tener un valor de uso. Es decir, productos que en determinadas sociedades son considerados como no útiles se pueden convertir en objetos de intercambio con una utilidad en otras sociedades, normalmente menos desarrolladas que las primeras. Esto matizaría la primera definición, que podría pasar a ser la siguiente: todo aquello del cual su poseedor se quiere desprender o tiene la obligación de desprenderse, aunque sea o pueda ser útil o recuperable para otro.

La consideración de cualquier sustancia como residuo teniendo en cuenta quién es el poseedor está incorporada en las diferentes legislaciones que regulan los residuos y su gestión. Un ejemplo muy claro es la definición de residuo que aparece al artículo 3 del capítulo I del título primero de la Ley 6/1993, de 15 de julio, de la Generalitat de Cataluña, reguladora de los residuos (modificada por la Ley 15/2003, de 13 de junio, reguladora de los residuos). Según se desprende de esta ley catalana, “se entiende por residuo cualquier sustancia u objeto de que su poseedor se desprenda o tenga la intención o la obligación de desprenderse.”