La Revolución Industrial supuso un punto de inflexión en las relaciones entre los grupos humanos y el medio natural. La capacidad de alteración del segundo por parte de los primeros aumentó espectacularmente en paralelo al desarrollo humano. Ahora bien, este desarrollo fue posible gracias a la industrialización. La mecanización comportó la concentración de la mano de obra y la centralización de los procesos de producción en una fábrica. Esta mecanización junto con el nuevo sistema de trabajo que puso fin al sistema gremial, permitió la producción de todo tipo de bienes, incluidos los de consumo, a gran escala.

La industria es una actividad económica muy variada pero con un denominador común: la constante invención y mejora de la maquinaria (adelantos técnicos), así como también la innovación tecnológica con el objetivo de aumentar la producción y la productividad, mejorar la calidad del producto y rebajar los costes de producción. Unos adelantos de los cuales se han visto beneficiados el resto de sectores económicos, como por ejemplo una agricultura más mecanizada y con unos mayores rendimientos (fertilizantes), unos medios de comunicación y transporte que nos permiten desplazarnos y comunicarnos por todo el planeta y una amplia gama de productos (químicos y farmacéuticos), la mayoría de los cuales han comportado cambios espectaculares y muy positivos en el día a día de los grupos humanos que tienen acceso a ellos. Ahora bien, la industrialización también tiene su parte negativa en forma de alteración y degradación del medio ambiente. La contaminación de origen industrial acostumbra a ser severa.

Las industrias ocupan espacio y necesitan materias primas, recursos naturales y fuentes de energía, cosa que ha comportado la sobreexplotación de los mismos. A su vez, en muchos casos las innovaciones en la mejora de los procesos de producción no han tenido en cuenta las repercusiones ambientales fruto de estos procesos: generación de una mayor o menor cantidad de productos residuales (sólidos, líquidos y gaseosos) que contaminan en mayor o menor mide el entorno (aire, aguas y suelos) y que tienen importantes repercusiones sobre la fauna y la vegetación así como también sobre la especie humana.

Variedad de industrias es igual a variedad de productos residuales que según su tipología necesitarán un determinado tipo de tratamiento. Esta gran heterogeneidad viene dada por la gran cantidad de materias primas utilizadas en los diferentes procesos industriales. La mayor o menor cantidad de estos residuos dependerá también de estos procesos y de las medidas establecidas para reducir su generación.

Algunos de estos residuos son altamente contaminantes para el medio ambiente si no se realiza una gestión adecuada. Son los llamados residuos especiales, subproductos que contienen alguna sustancia que les confiere el calificativo de peligrosos (Directiva 91/689/CE), al tener alguna o más de una de las siguientes características: explosivo, comburente, inflamable, irritante, nocivo, tóxico, cancerígeno, corrosivo, infeccioso, teratogénico, mutagénico o ecotóxico. La misma Directiva europea lista los productos constituyentes de los residuos que los hacen peligrosos, 51 en total, entre los que se encuentran el arsénico, el amianto, el mercurio, el plomo o los hidrocarburos. Hay que decir que no únicamente la actividad industrial genera este tipo de residuos.

La actividad industrial genera una importante cantidad de residuos gaseosos que son emitidos a la atmósfera junto con partículas sólidas. La clasificación de los contaminantes atmosféricos es diversa y puede tener en cuenta su composición química (partículas sólidas, compuestos del carbono, compuestos del azufre, compuestos del nitrógeno, compuestos halogenados y oxidantes fotoquímicos), o bien su procedencia (primarios y secundarios). Los contaminantes primarios de origen industrial son, mayoritariamente, fruto de la combustión de materias primas.

El agua es utilizada en algunos procesos industriales para lavar o disolver materiales así como también para elaborar productos. Fruto de esta utilización el agua pierde sus propiedades y se contamina (cambios en su composición y en sus características) debido a la incorporación de sustancias químicas. Ejemplos de industrias donde este hecho sucede son la industria extractiva, la industria del cemento, la industria química o la industria papelera. El problema es cuando esta agua residual, sin ningún tipo de depuración, es depositada directamente sobre el suelo con la posible afectación de los acuíferos o bien sobre cursos fluviales e incluso al mar mediante emisarios submarinos. Y lo mismo sucede si son los residuos sólidos los que son vertidos directamente a ríos, mares o suelos.

Un producto residual de la actividad industrial altamente tóxico y peligroso y que aumenta su concentración a medida que se sube en la cadena trófica es el mercurio (Hg). Un episodio muy conocido de contaminación grave de origen industrial por mercurio es el que se produjo en la ciudad japonesa de Minamata. En esta localidad costera había una fábrica de productos químicos que en 1932 empezó a utilizar catalizadores de mercurio en determinados procesos. Los residuos generados, con restos de mercurio, eran vertidos directamente al mar sin ningún tratamiento y desde 1950 se utilizó un canal de drenaje que desembocaba en una bahía cerrada. La población de esta zona tenía como principal fuente de alimentación el pescado de la bahía. El mercurio se concentró en los sedimentos del fondo de la bahía y entró en la cadena alimentaria a través del pescado consumido y que tenía importantes concentraciones de este contaminante. Durante los años 50 del siglo XX los habitantes de la zona empezaron a encontrarse mal de salud con síntomas similares que en algunos casos supusieron la muerte. El año 1957 se prohibió pescar en la zona, pero no fue hasta diez años más tarde que se cerraron las líneas de producción responsables de los derramamientos (Vegara et. al., 2004).

En Cataluña hay que mencionar la contaminación del río Ebro a la altura de Flix (Tarragona), donde el vertido de forma continuada y hasta el año 1995 de residuos generados en una industria química comportó la contaminación de los sedimentos acumulados en el fondo del río. La voz de alerta surgió en 2004, cuando un estudio del CSIC reveló que había unas 700 mil toneladas de sedimentos tóxicos con presencia principalmente de mercurio y compuestos organoclorados. Este hecho supuso una importante alarma social por la posible contaminación de la vegetación y la fauna del río, a lo cual se tiene que añadir que el agua del tramo bajo del Ebro se utiliza para regar, así como también existe la concesión del minitrasvase hacia la zona del Camp de Tarragona utilizada para consumo urbano, industrial y turístico. La solución adoptada ha sido extraer estos sedimentos del río.

Queda claro que las aguas residuales generadas por la industria se tienen que tratar y depurar antes de introducirlas de nuevo en el medio natural. Ahora bien, también se puede dar el caso de un derramamiento accidental. Un ejemplo es la rotura el día 25 de abril de 1998 del muro contención de la balsa de decantación de una mina situada en la localidad andaluza de Aznalcóllar y que comportó un importante derramamiento de agua y lodos tóxicos, afectando gravemente el río Guadiamar y una amplia zona cercana al Parque Nacional del Coto de Doñana.

De este modo, tanto las aguas, como los suelos, la vegetación, la fauna y la salud humana se pueden ver afectados por la disposición o el derramamiento incontrolado de los productos residuales de la actividad industrial. La cadena trófica en su conjunto se puede ver alterada por la concentración de estos contaminantes en los diferentes eslabones. Algunos de estos contaminantes son bioacumulativos, como por ejemplo los metales pesados o los hidrocarburos halogenados. A su vez, también se puede producir una biomagnificación, es decir, las concentraciones de un producto químico aumentan en una cadena alimentaria.

Hemos dejado para el final los residuos nucleares. La radiactividad es un fenómeno físico que presentan ciertas sustancias y que consiste en la emisión de partículas o radiaciones procedentes de la desintegración de determinados núcleos que las forman. Esta radiactividad puede ser natural o artificial. De este modo, un residuo radiactivo es cualquier material o producto de rechazo para el cual no está previsto ningún uso, o bien que está contaminado con radionúclidos en concentraciones o niveles de actividad superiores a los establecidos por las autoridades competentes (ENRESA, 2008) y que pueden ser de actividad baja, media o alta. La gran mayoría de residuos nucleares son de actividad baja y media.

Una fuente de residuos radiactivos, a pesar de que no la única (actividad minera, aparatos de rayo X o radioterapia en instalaciones radiactivas de uso médico, armamento nuclear, etc.), son las centrales nucleares, las cuales también son una fuente muy importante de producción de energía. Como todos los residuos, los nucleares también se tienen que gestionar adecuadamente, por lo cual es necesario un tratamiento y una deposición determinados.

Un primer proceso es el almacenamiento en piscinas diseñadas para esta finalidad dentro de la misma central nuclear; a continuación se trasladan a instalaciones de tratamiento o bien se depositan en almacenes definitivos. Ahora bien, se necesita encontrar un lugar con materiales adecuados y que sea geológicamente estable. Es decir, los residuos nucleares tienen que estar aislados de su entorno por barreras tanto de tipo tecnológico (cápsulas herméticas y construcción de un envoltorio de material impermeable) cómo de tipo geológico (se están haciendo estudios con arcillas, granitos, basaltos y rocas salinas).

¿Y la estabilidad geológica del terreno? ¿Quién puede garantizar esta estabilidad para el periodo de miles de años que es la vida de los materiales radiactivos de alta actividad?

Actualmente en España sólo existe el centro de almacenamiento de residuos radiactivos de baja y media intensidad de El Cabril (Córdoba). La administración central (ENRESA) está buscando un emplazamiento para ubicar un depósito de residuos nucleares. Es decir, un único emplazamiento donde concentrar todos los residuos generados en las nucleares españolas: almacén temporal centralizado (ATC). Varios municipios de España, entre ellos Ascó (Tarragona) han presentado su candidatura. A pesar de que en principio la candidatura de Ascó quedó descartada, la decisión final ha quedado pospuesta. Una decisión que puede comportar una contestación social importante, puesto que por sus características una buena parte de la sociedad no quiere este tipo de instalaciones cerca de casa.

Figura 20. Imagen de la Central Nuclear Vandellòs II

Fotografía: Observatori del Paisatge de Catalunya

Pero además de los residuos, las centrales nucleares traen asociado un riesgo de accidente con la liberación de radiactividad al exterior. Uno de muy importante fue ser el que sucedió en la planta de Three Mile Island, cerca de Harrisburg (Pensilvania, EE.UU) en el año 1979. Pero el verdadero desastre llegó el 26 de abril de 1986 con el accidente nuclear ocurrido en uno de los reactores de la central nuclear de Chernobil, en Ucrania. Mucho más reciente es el accidente nuclear ocurrido en la central japonesa de Fukushima el día 11 de marzo de 2011 como consecuencia de un terremoto y el tsunami asociado. El agua del mar dejó inutilizados los sistemas de refrigeración.

Hay que recordar que en España el día 29 de octubre de 1989 se produjo un incendio en la central nuclear de Vandellòs I (Tarragona) que estuvo a punto de provocar un accidente de repercusiones inimaginables. La situación de emergencia se produjo por que una parte de los sistemas de refrigeración del núcleo fallaron. Este accidente supuso el cierre de la central y su actual proceso de desmantelamiento.