El potencial energético del Sol es enorme. Ahora bien, el principal hándicap de la energía solar es la imposibilidad de almacenarla, cosa que obliga a transformarla inmediatamente. Además, en la superficie terrestre hay marcadas diferencias debidas a las diferentes latitudes, altitudes y exposiciones solares, a las cuales se ha de añadir el ciclo estacional y, en última instancia, la discontinuidad introducida por el ciclo diario de insolación.

Las dos principales formas de aprovechar la energía del Sol son como energía solar térmica o como energía solar fotovoltaica. En lo que respecta al primer tipo el aprovechamiento puede ser pasivo (destinado principalmente al aprovechamiento del Sol en los edificios, teniendo en cuenta el diseño y los materiales utilizados) o activo (producción de agua caliente o calefacción mediante unas placas que capten la radiación solar). En España el objetivo para el año 2010 es llegar a casi cinco millones de metros cuadrados de superficie con placas, cuando en el año 2004 era de 700.000 m2.

Por su parte, la energía solar fotovoltaica, consistente en la transformación directa de la energía solar lumínica en energía eléctrica, está experimentando un crecimiento muy importante debido al incremento espectacular de la capacidad instalada (figura siguiente). No obstante, este tipo de energía está concentrada solamente en unos pocos países. Así, únicamente cuatro (Alemania, España, Japón y los Estados Unidos de América) acumulan el 90% de la potencia instalada. De estos países destaca Alemania con 5.498 MW (40,9% del total), seguida de España, con 3291,2 MW y casi una cuarta parte de la potencia instalada en todo el planeta.

Energía fotovoltaica: evolución de la potencia instalada (1998 – 2008)

 

Fuente: Elaboración propia a partir de BP y IEA (2009)