¿La solución llegará con la fusión nuclear?

La fusión nuclear es la unión de diferentes átomos con la que también se genera energía. Es por esta razón que internacionalmente se creó el ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor), con el objetivo de construir y poner en funcionamiento un reactor de fusión nuclear. El lugar escogido fue Cadarache (Francia).

Si los combustibles fósiles y nucleares plantean problemas medioambientales serios, la solución parece que vaya a ser el uso de las energías renovables, algunas de las cuales son conocidas también como alternativas. Ahora bien, a excepción de la potencialidad de la energía solar (fotovoltaica), el resto no pueden asumir el consumo energético actual ni la demanda prevista en el futuro. Sin embargo, los países dependientes de los recursos energéticos procedentes del exterior, como la UE, están esforzándose en conseguir que el porcentaje de energía derivada de recursos renovables sea cada vez mayor.

Ya se ha dicho que los Estados Unidos de América son el principal productor de energía eólica y que España ocupa el tercer lugar. La figura siguiente muestra la evolución de la capacidad instalada de producción de energía eólica en España entre 1997 y 2008. El aumento es espectacular, ya que apenas en una década se ha pasado de poco más de 500 MW a superar la cifra de 16.543 MW.

Evolución de la potencia eólica instalada en España (1997 – 2008)

 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Observatorio Eólico-AAe (2009)

Por su parte, la distribución de esta capacidad por comunidades, muestra cómo únicamente cuatro comunidades (con Galicia a la cabeza) suman casi el 75% del total estatal (figura siguiente). Cataluña ocupa el noveno lugar con un 2,5% (420,4 MW), aunque existe un ambicioso plan para aumentar significativamente la capacidad instalada y la producción de energía eólica. Así, de acuerdo con el Plan de la Energía de Cataluña 2006-2015 de la Generalitat de Catalunya, está previsto para el año 2015 contar con una potencia de 3.300 MW.

Distribución por comunidades autónomas de la potencia eólica instalada en España en el año 2008

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Observatorio Eólico-AEE (2009).

 

Pero que sean renovables no quiere decir que utilizar estas energías tenga una huella nula sobre el territorio y el medio ambiente. Por ejemplo, los aerogeneradores de viento tienen cierto impacto visual, al que hay que añadir el peligro evidente para algunas especies de aves y la necesidad de abrir camino hasta el lugar de instalación (normalmente zonas de montaña) donde no existía el acceso adecuado para el transporte del material.

La generación de energía hidráulica también incide en el medio ambiente, especialmente durante el proceso de construcción del embalse, el agua ocupa una superficie enorme que suele ser de los terrenos más fértiles para la agricultura o de los forestales, con la correspondiente modificación y pérdida de hábitats. Una vez en explotación, los impactos son de menor magnitud, aunque hay que recordar la retención ejercida sobre los sedimentos arrastrados por el río que no llegan al tramo final (p.e. Delta del Ebro) y los cambios en el microclima debidos al enorme volumen de agua almacenado. Un impacto menor lo tienen las mini centrales hidroeléctricas, como la que existe en Xerta (Tarragona) y que se muestra en la figura siguiente (abajo).

Tanto la energía geotérmica como la mareomotriz se encuentran muy condicionadas por la surgencia en superficie de agua a temperaturas elevadas o bien por las mareas, y están delimitadas a unas zonas concretas. Así, por ejemplo, en Islandia la fuente de energía principal es la geotérmica. Aunque la mareomotriz sea posible en los lugares donde hay mareas, hay que tener mucho cuidado con los posibles impactos que sobre los ecosistemas del entorno puede introducir el hecho de alterar o modificar el movimiento de las mismas. Además, hay que añadir los problemas derivados de la salinidad del agua.

Aerogeneradores (arriba) y minicentral hidroeléctrica (abajo)

Fotografías: Laura López i Òscar Saladié

 

En cuanto a la biomasa, ya se ha recalcado en más de una ocasión que se debe hacer una explotación sostenible de los bosques. Por otra parte, es cierto que cada vez generamos más residuos que pueden ser incinerados para obtener energía o bien biogás, en caso de estar en depósitos controlados o por medio de las deyecciones ganaderas. Ahora bien, este posible aprovechamiento no debe servir de excusa para apostar por una gestión de los residuos basada en la incineración o la deposición controlada. La apuesta debe hacerse para reducir la producción de residuos y reciclar la mayor parte. Finalmente, dentro del grupo de biomasa están los llamados cultivos energéticos, que tienen un potencial importante. No obstante, hay que tener muy en cuenta el no deforestar grandes extensiones de tierra para cultivarlas ni tampoco sustituir a gran escala cultivos destinados a consumo humano por estos otros destinados a la producción de bioetanol o biocombustibles, ya que el resultado puede ser un fuerte incremento del precio de algunos alimentos básicos, como el pan, la leche y la carne por el encarecimiento de los cereales.

Se ha dejado la energía solar para el final porque tiene un gran potencial. Únicamente el aprovechamiento pasivo del Sol ayudaría a reducir el gasto energético proveniente de otras fuentes, pero si a esto se añade un mayor aprovechamiento mediante placas solares en los edificios públicos y privados (energía solar térmica y/o fotovoltaica), de manera complementaria con plantas solares (producción de energía fotovoltaica), una buena parte de la demanda podría ser cubierta con este tipo de energía (fotografías siguientes). Ahora bien, hoy en día los costes son todavía muy elevados, y tampoco hay que olvidar el proceso de producción de silicio, material esencial para la fabricación de los paneles.

Decidir el modelo energético por el que se debe apostar es una cuestión a la que hay que dar respuesta lo antes posible. En el momento de tomar la decisión deberían tenerse en cuenta diferentes factores. Por un lado, está el objetivo de mantener al menos el nivel de vida alcanzado en las sociedades desarrolladas y lograr el desarrollo de aquellas que no lo están. Pero, por otro lado, un segundo objetivo es que conseguir este primer objetivo no debe tener unas repercusiones ambientales irreversibles. Los combustibles fósiles tienen gran incidencia sobre el medio ambiente y son fuentes de energía no renovables. La energía nuclear tiene un factor de riesgo importante que es percibido de manera muy negativa por la mayoría de la población, al que hay que añadir la cuestión de qué hacer con los residuos nucleares. Pero las fuentes de energía renovables, que también tienen su impacto sobre el entorno, actualmente no son capaces de suministrar toda la energía necesaria para que se cumpla el primer objetivo planteado.

Campo solar en Móra la Nova (Ribera d’Ebre) (arriba) y placas solares situadas encima de una nave en Lloreç del Penedès (Baix Penedès) (abajo).

Fotografías: Hèctor Alonso y Òscar Saladié

La demanda del consumo energético no se detendrá en un futuro próximo, tal como indican las proyecciones realizadas y, mientras no se agoten, todo hace pensar que seguirán siendo los combustibles fósiles, con el petróleo en cabeza, las fuentes que satisfarán esta demanda. Sin embargo, la Unión Europea ha propuesto llegar al 20% del consumo energético procedente de fuentes renovables en el horizonte del 2020, frente al 7% del año 2006.

¿Cuál ha de ser el modelo energético?

Fuente: Faro (http://www.e-faro.info)

 

Esta demanda irá globalmente a satisfacer principalmente la industria (50%), seguida de los transportes. Sin embargo, en la Unión Europea actualmente el mayor consumo de energía viene dado por el sector de los transportes (31,5%), seguido por la industria (27,6%). Este paso a la primera posición del sector transportes es aún más evidente en España, donde el consumo de energía equivale al 42,2% del total. En Cataluña en concreto, el consumo final de energía también está encabezado por el sector transporte con un 36,8% del total (figura siguiente), seguido de la industria con un 32,2% y ya más lejos el doméstico/residencial con un 14,8%, los servicios con un 12,7% y el sector primario con el restante 3,5%.

Es imprescindible reducir la dependencia del petróleo y del resto de combustibles fósiles, tanto desde un punto de vista ambiental como de agotamiento de estos recursos, haciéndolo a la vez compatible con el desarrollo global del planeta. Para conseguir este objetivo será importante aprender a obtener energía de una manera más económica y más respetuosa con el medio ambiente mediante las fuentes alternativas. Pero tanto o más importante es aumentar la eficiencia energética y aprender a utilizar la energía de una manera racional. Se deben mejorar los diferentes procesos para que el consumo energético sea el mínimo posible y eliminar aquellos en los que el consumo sea excesivo. El reciclaje, el ahorro de combustible y el aislamiento de los edificios son también aspectos que deben tenerse muy en cuenta.

Consumo final de energía en Cataluña por sectores

 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de PECAT (2006)

Sergi Saladié (2008), profesor del Departamento de Geografía de la Universidad Rovira i Virgili, considera que la cuestión energética es uno de los retos más importantes que debe afrontar la humanidad en general y la sociedad catalana en particular, a partir de:

a) disminuir el gasto energético y ser más eficientes

b) lograr una reducción de las emisiones de CO2
c) romper la dependencia hacia los combustibles fósiles

d) desterrar la energía nuclear

e) conseguir un modelo eléctrico adecuado

f) asegurar los servicios energéticos

g) tener un suministro fiable

h) potenciar la utilización de las fuentes energéticas renovables.

Pero según Saladié, en el caso de Cataluña, ni el modelo actual ni el planeamiento previsto para los próximos años logra hacer frente a los retos energéticos cumpliendo los requisitos anteriormente señalados, ya que se trata de un modelo que se basa fundamentalmente en los combustibles fósiles y en la energía nuclear, está centralizado en grandes instalaciones generadoras y grandes líneas de transporte, está fundamentado en la economía de escala con impactos ambientales, económicos y sociales, genera una importante dependencia hacia las multinacionales eléctricas y es muy ineficiente, ya que pierde dos tercios de la energía primaria.

Ante este hecho, Saladié apuesta por la generación distribuida. Se trata de toda la gama de tecnologías de generación eléctrica que no precisan de la red de transporte eléctrico en alta tensión, además de todos aquellos sistemas de calefacción que producen/consumen en un mismo lugar. Las más útiles para hacer frente a los retos mencionados, según Saladié, son las que utilizan fuentes renovables (solar, eólica y biomasa), las que priorizan la instalación de estas tecnologías en suelo urbano e industrial -y que, por tanto, aproximan los centros productores a los nodos de distribución y consumo ya existentes-, y las que se basan en la participación de la ciudadanía en la concepción y gestión de los proyectos.