El medio ambiente en su conjunto debe ser considerado como un recurso natural. Los diferentes ecosistemas son, en última instancia, el resultado de la energía solar aprovechada por la vegetación mediante la fotosíntesis, energía que posteriormente es aprovechada por el resto de los elementos del ecosistema a través de las cadenas tróficas. Es pues este dinamismo ecológico el encargado de producir esos recursos naturales renovables, con cantidad y variedad diversa dependiendo del ecosistema, y que son utilizados por las poblaciones humanas.

Si bien los ecosistemas terrestres y los marinos han sido explotados desde la antigüedad, la incidencia ejercida actualmente sobre estos ecosistemas tiene una intensidad mayor. Hoy en día se puede llegar a hablar de sobrexplotación de algunos ecosistemas. Y esta sobrexplotación puede causar su desaparición.

a) Los bosques

Los bosques y las diferentes tipologías de comunidades vegetales son un ejemplo de ecosistema del cual la especie humana ha obtenido y continúa obteniendo recursos naturales. La madera de los árboles es el ejemplo más claro, ha sido utilizada ya sea directamente como combustible o como material de construcción o bien transformándola en carbón vegetal o en papel. Al mismo tiempo, los bosques también han sido los nuevos espacios de cultivo donde producir los alimentos necesarios para satisfacer las necesidades de una población en constante aumento.

Desde un punto de vista económico, el bosque, especialmente el ecuatorial, es un recurso natural importante para los humanos y para algunas de sus actividades. Ahora bien, tanto la sobrexplotación del bosque como la eliminación programada para obtener nuevas tierras de cultivo están generando impactos ambientales importantes. Por un lado estos bosques, ya de por si con una riqueza florística importante, también son el hábitat (refugio y fuente de recursos) de muchas especies animales que son pieza clave en mantener el equilibrio del ecosistema. La explotación inadecuada conduce a una disminución de la biodiversidad y una reducción de las reservas de nutrientes y de biomasa. Al mismo tiempo, en algunas de estas zonas todavía hay comunidades indígenas que aprovechan los recursos que les ofrecen estos ecosistemas en una armonía casi total.

La presencia de la vegetación es fundamental para evitar la pérdida de fertilidad del suelo y la erosión. Sin suelo no es posible que haya vegetación, además de ejercer la función de filtro de muchas sustancias tóxicas. Con la deforestación también se altera el ciclo hidrológico ya que disminuye la evapotranspiración y como que el agua llega al suelo de una manera más rápida y se encuentra con un suelo erosionado, la cantidad que se infiltra es menor que la que sigue en forma de escorrentía, con lo cual, aumenta la erosión. Finalmente, se ha de incidir en la importancia de los bosques como generadores de oxígeno (fotosíntesis) y como sumideros y almacenes de CO2 (también los suelos), que en caso de no ser absorbido por la vegetación permanecerá en la atmósfera con las repercusiones medioambientales en general y climáticas en particular (efecto invernadero) que se derivan de este hecho.

Así, entonces, estos ecosistemas han de ser vistos como un recurso natural desde un punto de vista económico, pero también desde un punto de vista ecológico, por lo que se habría de practicar una explotación sostenible y aprovechar sus valores ecológicos.


¿Cómo se ha de explicar a los gobiernos de algunos países en vías de desarrollo que no permitan a una población que no para de crecer la deforestación de sus bosques?

Índice de deforestación anual en el Amazonas y emisiones de CO2



Fuente: Elaboración propia a partir del Instituto Brasileño de Investigaciones Tropicales. GEO, 2000.

Para hacer frente a esta problemática, junto con la Declaración de Río surgida de la Cumbre de la Tierra, también existe la Declaración de Principios relativos a los Bosques, aunque no tiene fuerza jurídica obligatoria. En esta declaración se incide en la importancia de los bosques, en que debe llevarse a cabo una explotación sostenible y en la necesaria cooperación internacional para que esto sea posible.

Principio 4: “Debería reconocerse la función vital que cumplen los bosques de todo tipo en el mantenimiento de los procesos y el equilibrio ecológicos en los planos local, nacional, regional y mundial mediante, entre otras cosas, la función que les cabe en la protección de los ecosistemas frágiles, las cuencas hidrográficas y los recursos de agua dulce y su carácter de ricos depósitos de diversidad biológica y recursos biológicos y de fuente de material genético para productos biotecnológicos, así como para la fotosíntesis”.

Principio 11: “Para que en particular los países en desarrollo puedan acrecentar su capacidad endógena y llevar a cabo una mejor ordenación, conservación y desarrollo de sus recursos forestales, se deberían promover, facilitar y financiar, según procediera, el acceso a tecnologías ecológicamente racionales y a los correspondientes conocimientos especializados, así como la transferencia de tales tecnologías y conocimientos, en condiciones favorables, incluidas condiciones concesionarias y preferenciales, mutuamente convenidas, de conformidad con las disposiciones pertinentes del programa 21”.

b) Los océanos

Durante buena parte de la historia de la humanidad, tanto la navegación marítima como el aprovechamiento de los recursos existentes en estas aguas se limitaban a las zonas situadas a poca distancia del litoral o en el mismo litoral. Este hecho, junto con una técnica en el arte de la pesca poco desarrollada, suponía un impacto poco significativo sobre los recursos marinos.

Las mejoras técnicas y tecnológicas que la humanidad fue logrando en el campo de la navegación, con barcos más grandes y adecuados, permitieron primero recorrer mares interiores, como el Mediterráneo, y posteriormente los grandes océanos. Estas mejoras también se trasladaron a la actividad pesquera. La utilización de buques factoría con una tecnología moderna que incluye incluso el uso de GPS vía satélite para encontrar y seguir los bancos de pesca, ha supuesto que el aprovechamiento de los recursos marinos, básicamente en forma de capturas, se haya ido incrementando de forma espectacular durante los últimos 50 años (menos de 20 millones de toneladas en el año 1950, más de 90 millones de toneladas actualmente), hasta llegar a constatar que los ecosistemas marinos no son una fuente inagotable, tal como en algún momento se había llegado a pensar.

En el año 1995, los 188 estados miembros de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas, adoptaron el Código de Conducta de la FAO para la Pesca Responsable, pero los pocos progresos conseguidos desde entonces hicieron que en 2002, durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (Río +20), celebrada en Johannesburgo, se fijase el objetivo de recuperar las poblaciones de peces agotadas hasta conseguir llegar a un nivel sano de biomasa en el horizonte del año 2015.

A esta sobrexplotación de los recursos marinos se han de añadir otras amenazas para la diversidad biológica de los océanos que también tienen un origen antrópico. Una primera es la generada por la contaminación de las aguas, especialmente en las zonas litorales y en mares cerrados o casi cerrados, como el Mediterráneo, por vertidos de aguas residuales o de otros productos fruto del transporte de mercancías a través de las rutas marítimas, ya sea de forma intencionada o accidental. La segunda viene determinada por el aumento de la temperatura del agua del mar debida a la alteración del balance de radiación terrestre como consecuencia de la cada vez mayor concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.